Desencadenantes, obstáculos y facilitadores del senior co-housing en Suecia: análisis histórico y estudio del caso Färdknäppen

Alexandra del Valle Coll
sdelva4@msn.com
Estudiante de Grado de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC)

Trabajo Final del Prácticum de Investigación del Grado de Psicologia
Revisado por Daniel López

Barcelona, 28 de Enero del 2015

*foto extraida de http://is.gd/nwV8mN

Introducción

El co-housing tiene ya una tradición en países nórdicos como Suecia o Dinamarca desde hace ya algunos años. Sin embargo, este concepto ha ido cambiando a lo largo de la historia y adaptándose al tipo de sociedad del momento. Especialmente en el país sueco, el co-housing representaba durante un tiempo una forma de vida en comunidad primero sólo dirigida a determinadas elites sociales y luego asociada con el movimiento hippie. Esto ha cambiado. Desde hace unos años, una serie de grupos, sobretodo de gente mayor, intenta mostrar a las distintas instituciones, públicas y privadas, las ventajas que tendría para la sociedad sueca en su conjunto la implementación a mayor escala del senior co-housing. Lo presentan como solución a dos grandes problemas muy presentes hoy en día en Suecia: una población envejecida, que crece de forma exponencial y que pone en peligro el funcionamiento del sistema social sueco, y un problema de acceso a una vivienda adecuada para los mayores. Sin embargo, existen obstáculos. No es fácil convencer al gobierno que subvencione o que construya viviendas de acuerdo a los principios del co-housing, tampoco que la población se adhiera a esta forma de vivir. El poco consenso sobre qué es en realidad el co-housing y qué implica, ha dificultado su desarrollo a lo largo de la historia. Eso ha hecho que no arraigue un modelo básico de co-housing en el país. El hecho de no tener comunidades parecidas, cada una construida y con funcionamientos diferentes, hace que sea difícil también para la sociedad sueca, aceptar el co-housing como una solución implementable a mayor escala.

Este pequeño estudio buscará describir y analizar los obstáculos con los que se encuentra el movimiento de cohousing en Suecia. Primero haré una introducción a la situación social de Suecia y un repaso de lo que ha supuesto el co-housing desde sus inicios. Eso nos permitirá entender porqué el mismo concepto es, a la vez, un obstáculo y un elemento facilitador en esta sociedad. Por otro lado, completaré este análisis con datos extraídos de una visita a Färdknäppen (Estocolmo), proyecto que podría ser considerado como referente del co-housing senior en los países nórdicos debido a sus características arquitectónicas y de funcionamiento.

Para la realización de este análisis, se ha llevado a cabo una revisión bibliográfica del co-housing en Suecia: artículos científicos, artículos en publicaciones locales, blogs y páginas web de las asociaciones de co-housing y de las casas en particular. A pesar de ser un país con cierta tradición en el co-housing hay pocos estudios y material documental sobre el co-housing, y muchas veces, éste es confuso ya que el término kollektivhus, tiene muchos significados y no siempre está relacionado con el co-housing. Dentro de los pocos estudios que hay sobre el co-housing en Suecia, la mayoría están orientadas a resaltar sus aspectos positivos ya que se han llevado a cabo por residentes y activistas del movimiento: Vestbro, interesado en la historia y significado del co-housing; Kärnekull, con artículos más bien reivindicativos donde muestra el co-housing como una solución al problema de acceso a la vivienda en Suecia y al crecimiento de la población envejecida; o Choi, que estudia el modelo sueco para analizar si se podría o no aplicar en Corea del Sur.

Contexto

El incremento de la población mayor de 65 años es un resultado claro de un buen sistema de seguridad social. Suecia es conocido entre los países europeos justamente por su estado del bienestar. La mejora de la calidad de vida de sus habitantes tiene como resultado una mayor esperanza de vida, que en este país se sitúa por encima de los 80 años. Algunos estudios estiman que habrá unos 2,5 millones de jubilados en el 2040, un augmento muy acusado en poco tiempo (Kärnekull, 2009), ya que hoy en día hay 1,6 millones en el país.

Frente a una población cada vez más envejecida, el gobierno tiene que hacer frente a diferentes problemáticas, como por ejemplo, garantizar el bienestar también durante la tercera edad. Como en muchos países de la Unión Europea, Suecia dispone de pensiones para los jubilados. Estas pensiones pagadas por el gobierno, se conocen como garantipension, o pensión de garantía, ya que una vez acabado el período laboral, las personas pueden recibir una pensión aún sin haber trabajado con anterioridad. Este ingreso se obtiene del pago de impuestos de la sociedad activa. La pensión se ve incrementada en parte por el empleador y por sistemas de pensión bancarios, parecidos a las que funcionan en España.

El gobierno sueco considera que es importante que el jubilado disponga de recursos, ya que de estos también se obtienen impuestos y estos ayudan a mantener el sistema de bienestar. Por otro lado, la política social impuesta desde los años 80 para favorecer la natalidad, ha hecho que la pirámide poblacional sueca aumente su base, cosa que permitiría el mantenimiento de este sistema en un futuro.

Aún así, la sociedad sueca se enfrenta a otros problemas relacionados con el envejecimiento, como la dificultad de los mayores de clase media para acceder a la vivienda. Una política de vivienda sobre el alquiler público facilitó en su momento el acceso a la vivienda de muchos suecos. En la actualidad, y como consecuencia de un conjunto de medidas contra la construcción de vivienda nueva, Suecia dispone, sobretodo en las grandes ciudades, de poca vivienda en relación a una elevada demanda, y en consecuencia el precio del alquiler es elevado. A eso se le añade que el alquiler a largo plazo es raro y que la gente se ve obligada a mudarse de manera mucho más frecuente de lo que estamos acostumbrados en España.

En el caso de disponer de vivienda hay otro problema, la accesibilidad. Muchos de los edificios, sobretodo en la zona de Estocolmo, Gotemburgo o Malmö, son de construcción antigua, la mayoría con escaleras de caracol, sin ascensor, con salas de lavadoras comunes normalmente en la planta baja del edificio, con lo cual dificulta la vida de aquellas personas con movilidad reducida. De nuevo, el gobierno mueve ficha y ha dedicado un cierto número de viviendas, más adaptadas o accesibles, al alquiler de personas mayores. Por ejemplo, una de las medidas consiste en destinar pisos que se encuentran a nivel de calle para la gente mayor. En las listas de alquiler público se observan pisos disponibles y al lado si están destinados a gente mayor, estudiantes o familias.

Otras opciones que tiene la gente mayor en Suecia son las residencias, de alto coste económico, y por lo tanto destinado a una minoría, o “residencias para enfermos”, de gestión pública y por lo tanto, mucho más asequibles. Para entrar en estas residencias tienes que demostrar que sufres algún tipo de enfermedad crónica o discapacidad que te impida vivir en otro tipo de vivienda. Estas residencias tienen personal sanitario calificado y funcionan de forma parecida a un hospital.

Ante esta situación nos encontramos con un sistema que obliga a un segmento de los mayores 65 años con buena salud y activos a cambiar su estilo de vida. Monica William-Olsson, responsable de la iniciativa que permitió el proyecto Färdknäppen, que comentaremos más adelante, considera que la gente mayor en Suecia tiene dos problemas (Kärnekull, 2009): uno es que cuando se jubilan podrían seguir trabajando porqué aún gozan de buena salud pero nadie los quiere como trabajadores en su empresa; y dos, que cuanto mayor es la esperanza de vida de un país mayor es el coste socio-sanitario.

Hay diferentes grupos de personas que defienden que una buena solución es la implementación del senior co-housing: el uso de edificios adaptados, con pisos más bien pequeños, pero suficiente para satisfacer las necesidades individuales, y con una amplia área de zonas comunes que facilitaría la relación con los vecinos, básico para el trabajo colectivo. El co-housing permitiría, de un lado, un ahorro económico y de tiempo de trabajo, desde el punto de vista individual, pero también, según William-Olsson, sería una solución a los dos problemas que ella identifica. Los jubilados podrían sentirse útiles, ya que compartirían actividades o diferentes tareas necesarias para el mantenimiento de la comunidad. Además, el hecho de formar parte de una comunidad de iguales, con las mismas necesidades, y autogestionada aliviaría la carga que tienen las generaciones más jóvenes, que asumen su coste.

Aunque parezca una muy buena solución, la generalización del cohousing está siendo difícil y requiere de grupos activistas capaces de transmitir todas sus ventajas, no sólo a aquellos que quieren vivir en una, sino también a las instituciones públicas y organizaciones privadas para que ayuden en su implementación. Dentro de estos grupos, se encuentran figuras tales como el profesor emérito del KTH-Royal Insitute of Technology, Dick Urban Vestbro, o la responsable del grupo Bo i gemenskap (vivir en comunidad), Kerstin Kärnekull. Los dos son arquitectos y viven actualmente en Färdknäppen, el senior co-housing más conocido de Estocolmo. Ambos han dedicado buena parte de su vida a estudiar el funcionamiento del co-housing desde el punto de vista histórico (Vestbro) y desde el punto de vista de solución al problema vivienda-vejez, que sufren, sobretodo, las grandes ciudades suecas (Kärnekull).

Como ya se ha comentado con anterioridad y se desarrollará en los siguientes puntos, Suecia ha sido un país, donde la palabra co-housing no pasa desapercibida, ya que la vida en comunidad, de alguna manera ha sido parte de su historia. Sin embargo, a pesar de su larga tradición en el país y de que Suecia es considerada como la madre del movimiento, juntamente con la influencia soviética y danesa, el co-housing no tiene muchos seguidores en el país. Un 0,5% del total de la vivienda en Suecia corresponde a vivienda co-housing (Vestbro, 2008).

En los siguientes puntos intentaré explicar las razones de este poco seguimiento en Suecia: primero a través de un análisis histórico del concepto y de qué supone en cada momento histórico vivir en comunidad; para acabar, a través del análisis del funcionamiento de la comunidad Färdknäppen, reflexionando sobre cómo esta vida comunitaria se desarrolla en la actualidad.

Historia del co-housing en Suecia

Cuando uno empieza un proyecto sobre senior co-housing en Suecia, piensa que será fácil porque está en el país que ha dado origen al fenómeno. No obstante, en seguida te das cuenta del error. Primero, hay un problema terminológico. ¿Qué es en realidad el co-housing? No es lo mismo hablar de senior co-housing en España que en Suecia. En España, el término parece remitir fundamentalmente a la colaboración entre iguales con el objetivo de construir una comunidad en la que vivir la vejez de manera diferente; en Suecia, el concepto nos remite sobre todo al ahorro, tanto económico como de trabajo. Este aspecto puede entenderse rápidamente si acudimos a la historia del co-housing en Suecia elaborada por Vestbro. En una sociedad dónde la igualdad de género se está cultivando desde los inicios del siglo pasado, la idea del co-housing buscaba en sus origenes descargar a la mujer de las tareas del hogar para que pueda hacer otras actividades. Con esta idea nace en el barrio de Östermalms de Estocolmo en 1905, el Hemgården Centralkök, un edificio con cocina central inspirado en el primer edificio de este tipo construido en Copenhague dos años antes . El edificio constaba de 60 viviendas sin cocina privada. En su lugar había un pequeño “mathissar”, ascensor de comida, a través del cual, después de una llamada telefónica, el personal de cocina te mandaba la comida a casa.

Esta idea no tuvo continuidad en la ciudad, pero pasados 20 años volvió con fuerza de la mano de Alva Myrdal (1932). Para ella el kollectivhus permitía romper con cierta tendencia urbanística, a su juicio, disfuncional: la construcción de bloques de pisos en los que en cada uno hay una cocina dónde más o menos a la misma hora todas las mujeres cocinan “köttbullar” (albóndigas típicas suecas) y tienen puesta una lavadora. Contra este modelo, empezaron a construirse edificios y apartamentos sin cocina en los que mantuvieron los ascensores de comida, una sala de lavar que funcionaba siguiendo el mismo principio, mandabas la ropa y te la lavaban. Un dato curioso de esta época, es la aparición de una sala común para comer y conversar con el resto de vecinos, y un centro de día, es decir, salas donde podías hacer diferentes actividades.

Durante muchos años, este esquema de vivienda colectiva iba dirigido a un segmento de la población particular: elites cultivadas y privilegiadas que dedicaban muchas horas a su trabajo y que se encontraban en las salas comunes para discutir sobre temas políticos, científicos, etc. Su máxima expresión se encontraba en el conocido Hässelby Familjehotell, creado por Olle Engkvist, a mediados de los años 50. Disponía de diferentes salas: gimnasio, escuela, sauna, salas de comedor para invitados,… los trabajadores llevaban uniforme para poder ser distinguidos del resto del vecindario. Fue durante los años 60, cuando movimientos de protesta contra la desigualdad en el acceso a la vivienda por razones de clase, impulsados sobretodo por agrupaciones feministas, estudiantiles y organizaciones solidarias, hicieron caer el modelo de vivienda colectiva familjehotell. El restaurante que tenía tubo que cerrar y las familias que vivían allí se encontraron inevitablemente en la gran cocina, ya que sus pisos no tenían cocina. Durante esos encuentros en la cocina se dieron cuenta que cocinar juntos era divertido, y es a partir de ese “descubrimiento” que nace un nuevo modelo de co-housing, el llamado “det lilla kollektivhus på arbetsgemenskapens grund”, que significa, el pequeño co-housing para el trabajo comunitario básico. Claramente, el objetivo del hotel familiar no era éste sino dar servicio a aquellas familias en las que la mujer tenia un trabajo cualificado. Sin embargo, el uso de las zonas comunes en estos proyectos sí estimularon el sentido de comunidad que luego vendrá.

En los años 70 y como consecuencia de los movimientos estudiantiles del 68 que tuvieron lugar en diferentes países de Europa, el co-housing dejó de dirigirse a las clases privilegiadas y se vinculó con el movimiento hippie. De hecho, para muchos suecos el co-housing aún está emparentado con este movimiento, y de hecho es uno de los motivos por los que no es aceptado por una parte de la sociedad actual (Nyberg, 2011 en www.thelocal.se).

A finales de los 70, un grupo de mujeres, la mayoria arquitectas, viajaron a Dinamarca y a otros países, interesadas por el co-housing que allí se había desarrollado. Entre ellas estaba, Kerstin Kärnekull. Este grupo de mujeres se nombró a sí mismo Bo i Gemenskap (BiG), vivir en comunidad. Conscientes del papel de la mujer en las tareas de la casa y en el cuidado de la familia, proponían el co-housing como solución para reducir el tiempo que dedican a las tareas domésticas mediante la colaboración con los otros miembros de la comunidad. Por eso, las comunidades se tenían que construir siguiendo unas pautas determinadas, pisos pequeños y zonas comunes que permitiesen compartir estas tareas. Este modelo en seguida tubo aceptación y, hasta la actualidad, más de la mitad de comunidades co-housing en Suecia siguen el modelo BiG. La primera comunidad creada siguiendo las pautas BiG fue Stacken, en Goteburgo. Esta zona tenía muchos problemas relacionados con viviendas vacías y este proyecto fue una buena solución. La primera comunidad creada siguiendo el modelo BiG en Estocolmo es Prästgårdshagen, subvencionada por Familjebostäder, una constructora pública, y que en éstos momentos aún funciona.

Entre los años 80 y 90 había unas 50 comunidades co-housing en Suecia y la mayoría siguen el modelo BiG. Éste nació como una alternativa para racionalizar la carga de trabajo doméstico que recaía sobre las mujeres, pero en el fondo daban más importancia al sentimiento de comunidad. El diseño de la vivienda iba dirigido a potenciar las relaciones sociales entre los miembros y este fue el punto que hizo que el modelo fuera utilizado por numerosas comunidades, muchas de las cuales, aún hoy están en pleno funcionamiento y tienen lista de espera para entrar.

Aunque la mayoría de comunidades siguen el modelo BiG, hubo una época en que constructoras, tanto públicas como privadas, querían proponer nuevos modelos. Algunos de los nuevos modelos empezaban a ir dirigidos a la población de edad más avanzada: un ejemplo fue la creación de comunidades en lass que los más jóvenes cuidaban de los mayores y los mayores realizaban determinadas tareas mientras los primeros trabajaban. De esta manera se conseguía un intercambio inter-generacional enriquecedor para ambas partes además de un ahorro en el coste de los servicios de atención. Este modelo no funcionó y las comunidades creadas se rompieron a los pocos años. Los impulsores de estos nuevos modelos pronto se dieron cuenta del riesgo económico que suponía invertir en co-housing cuando la mayoría de la población no estaba preparada culturalmente para este estilo de vida.

Aún así, los pensionistas eran un grupo muy relevante y, para muchos, un colectivo para el que se debía encontrar una solución. Es por eso, que a principios de los 90 nace el modelo de kollektivboende för andra halvan av livet, es decir, co-housing para la segunda mitad de la vida, lo que ahora conocemos como senior co-housing. Estos proyectos están destinados a mayores de 40 años sin hijos a cargo y la primera comunidad fue Färdknäppen, en Estocolmo.

Actualmente, las comunidades co-housing en Suecia se agrupan en una organización que recibe el nombre de kollektivhus NU. Se trata de una organización pública, formada por representantes de las diferentes comunidades co-housing, así como por grupos de personas que trabajan en la creación de nuevas comunidades. La mayoría de personas que trabajan para la asociación son niños del baby-boom de los años 40, un colectivo con ideologías muy diferentes de las de sus padres y también de sus hijos y que apuesta fuerte por el modelo de co-housing en Suecia. La organización fue creada el año 1981, época en que hubo el boom del co-housing moderno, y actualmente aglutina a 35 comunidades.

Actualmente, hay 3 tipos de co-housing en función del tipo de propiedad. La mayoría de comunidades se encuentran en edificios públicos, dónde los residentes pagan un alquiler considerado social, pero también hay comunidades que son propiedad de aquellas personas que compren el derecho a vivir (bostadsrätt), mientras que hay un tercer grupo, en el que la propiedad es de una cooperativa y las personas que van a vivir allí pagan una cuota.

La historia del cohousing en Suecia muestra que éste es un modelo que sólo se generalizará si se adapta a la hegemonía cultural del momento (Egerö, 2012). Esto permite entender los cambios que ha sufrido el co-housing a lo largo de la historia e identificar uno de los problemas actuales: no existe un único modelo. Incluso en aquellas comunidades que siguen el modelo BiG, su funcionamiento interno es totalmente diferente entre sí. Hay comunidades mixtas que dan mucha importancia a las relaciones entre las diferentes generaciones, comunidades en las que viven personas mayores de 40 años, comunidades de estudiantes, comunidades dirigidas únicamente a chicas solteras (Elfvingården), etc. Las hay que están impulsadas por la misma comunidad, otras son proyectos de instituciones públicas relacionadas con las viviendas, Elfvingården, por ejemplo, está dirigido por una comunidad de hermanas, por lo tanto, tiene un componente religioso…

Färdknäppen: la excepción ejemplar del senior co-housing sueco

Färdknäppen es una de las comunidades senior sueca y está afiliada a la organización kollektivhus NU, creada siguiendo el modelo BiG. De hecho, la mayoría de miembros del grupo viven en Färdknäppen y participaron activamente de su construcción. Vestbro y Kärnekull viven en esta comunidad. Vestbro también ha sido miembro activo de la organización kollektivhus NU. Se trata de personas muy implicadas en el proyecto y que han dedicado buena parte de su vida personal y profesional a divulgar el estilo de vida co-housing en un país como Suecia.

Desde sus inicios en el año 1987 se auto-denominan “la excepción”. Son la excepción porque dentro de las comunidades co-housing que hay en Suecia, es de las pocas que da importancia a las relaciones sociales que tienen lugar dentro del grupo. Aún así, esta importancia es relativa, sobretodo si la comparamos con otras comunidades que se encuentran en otros países, como Dinamarca, donde las relaciones que se dan entre los vecinos son la base de su funcionamiento. También se autodenominan la excepción porque fueron los mismos vecinos los que en el otoño de 1986 tuvieron la idea e impulsaron el proyecto hasta su realización.

Färdknäppen está formada por una comunidad de 55 vecinos, todos ellos mayores de 40 años y sin hijos que vivan con ellos. Este último punto es básico para poder entrar dentro de la comunidad. Eso no significa que no puedan tener hijos o nietos, o que en caso de tenerlos estos no puedan entrar en el edificio. El requisito es que estén emancipados y no pueden depender de los abuelos. Otra de las condiciones indispensables para formar parte de la comunidad es que tienes que participar en la preparación de la comida y de la limpieza de las zonas comunes como mínimo una vez cada seis semanas.

Cada uno de los vecinos dispone de un pequeño apartamento. No todos son iguales, pueden ser de 1, 2 o 3 habitaciones, en función de las necesidades, de si son pareja, o una persona sola. Todos tienen cocina propia, ya que ellos deciden si quieren encontrarse con los otros vecinos para comer o prefieren estarse en casa. Disponen de diferentes áreas comunes: cocina, comedor, sala de lavadoras, biblioteca, sauna, garaje para las bicicletas, jardín, gimnasio y despensa. En cada una de estas áreas se realizan diferentes actividades conjuntas donde participan, si quieren, la mayoría de los vecinos.

El precio del alquiler del piso depende de la superficie de la vivienda y se le añade un porcentaje por la zona común.

Färdknäppen se organiza en diferentes grupos de trabajo: biblioteksgruppen (grupo de biblioteca), e-gruppen(grupo responsable de las nuevas tecnologías), konstgruppen ( grupo de arte), trädgårdsgruppen (grupo de jardineria), fest-och underhållningsgruppen (grupo de fiestas y entretenimiento), Färdknäppskören (coro de Färdknäppen), Renhållarna (grupo de limpieza), Kontaktgruppen (grupo de contacto), Inredningsgruppen (grupo de decoración de interiores), Hushållarna (grupo de mantenimento de la despensa), Husskötargruppen( grupo de mantenimento del edificio), läsecirkel (círculo de lectores), julbordsgruppen (grupo de julbord) i bikupan (colmena de abejas). Cada grupo funciona en función de las necesidades, por ejemplo, el grupo de julbord, que significa mesa de navidad, solo funciona en diciembre, y es responsable de preparar la mesa de navidad. Otro aspecto importante es que el funcionamiento también depende de la voluntad de las personas que viven en ese momento en el edificio, por lo tanto, no es una lista cerrada, ya que se pueden añadir grupos nuevos y pueden desaparecer otros que actualmente funcionan, por ejemplo, el bikupan, que es una colmena de abejas. El grupo recibe este nombre, porque se dedican a elaborar miel que después venden para tener ingresos extras para la comunidad. Cuando ningún vecino quiera continuar con la tarea o no haya subvención por parte de la administración, entonces el grupo deja de funcionar.

A diferencia de otros países, donde las viviendas son de compra y por lo tanto los residentes son propietarios, en Suecia, la mayoría de las viviendas colectivas son propiedad del estado y los residentes están en alquiler. El alquiler no es más caro ni más barato que una vivienda pública de nueva construcción en Estocolmo. Para un piso de 2 habitaciones (equivalente a 1 habitación para nosotros) de 63 metros cuadrados de superficie se pagan unas 7992 SEK (aproximadamente 810€). El piso en realidad tiene 55 metros cuadrados y se pagan 8 metros cuadrados extras que corresponden a la zona común. Por este precio ellos disponen de una vivienda de 400 metros cuadrados. Aunque se trata de viviendas de alquiler, a diferencia de lo que suele ocurrir en Suecia, los residentes no estas obligado a cambiar de vivienda en un período corto sino que deciden hasta cuando quieren vivir allí. Hay vecinos que deciden cambiar, ya sea porque no se sienten bien o porque no era lo que esperaban, otros enferman y se mudan a residencias para mayores, donde están mejor atendidos, y otros simplemente fallecen allí.

Como buenos suecos, en Färdknäppen es muy importante el reciclaje. Tienen una sala donde realizan la separación de la basura: cartón, papel , plástico, cristal oscuro, cristal claro, latas y botellas de bebidas y basura en general. El dinero recaudado lo dan a Läkare utan gränser (médicos sin fronteras).

Gracias a la entrevista que realicé a una de las vecinas de Färdknäppen, pudimos constatar que uno de los motivos por los que la gente quiere vivir en un edificio en comunidad es por el ahorro. En un país como Suecia donde la vivienda es muy cara y de difícil acceso (un piso de 1 habitación cuesta entre 10000 i 15000SEK en una constructora privada, unos 1100-1600€), la posibilidad de poder entrar en una comunidad de este tipo, donde por el precio de un piso pequeño tienes las facilidades de una vivienda más grande, es muy atractiva. Por este motivo, muchos residentes escogen esta opción una vez llegan a los 40 años. El motivo principal es el ahorro de dinero y también la comodidad. Según ella, mantener una casa de 400 metros cuadrados ella sola sería muy difícil, en cambio en Färdknäppen los tiene. Además, el hecho de compartir las tareas le permite gozar de otras actividades y no dedicarse únicamente al mantenimiento de la vivienda.

Otro punto que pudimos discutir durante la entrevista fue el hecho de que en Färdknäppen viven más mujeres que hombres, y la mayoría de hombres viven allí con la pareja o bien falleció allí. Según ella, para muchos hombres compartir las tareas de casa es un punto en contra en el momento de tomar la decisión de ir a vivir ya que muchos nunca antes han realizado estas tareas. Es por eso que hay pocos hombres solteros o viudos que pidan información sobre la comunidad. No obstante, cree que esta tendencia va cambiando, en parte gracias a las políticas de igualdad y de natalidad impulsadas por los gobiernos socialistas suecos desde los años 80.

Esta vecina de Färdknäppen subraya que, aunque el principal motivo para mudarse a allí es el ahorro (tanto desde el punto de vista económico como desde el punto de vista de carga de trabajo), una de las claves que hacen que la mayoría quiera vivir su vejez en una comunidad como esta son las actividades conjuntas. Por ejemplo, ella cree que la clave del funcionamiento de Färdknäppen es que cocinan y cenan juntos, especialmente el hecho de cocinar. Durante la entrevista insistió que esta actividad era muy importante, incluso básica, ya que es en ese momento donde se ponen en marcha las actividades sociales, tienes contacto con los vecinos, aprendes a trabajar en grupo, se conversa con el resto de compañeros, etc. Este aspecto puede resultar sorprendente si tenemos en cuenta que tienen una gran cantidad de salas comunes para realizar diversas actividades conjuntas y 14 grupos de trabajo formados por más de un vecino. Ambas cosas deberían facilitar también las relaciones sociales e interpersonales con el resto de residentes pero parece ser que hay algo en el hecho de cocinar juntos que no se logra con el grupo de jardín o de biblioteca. De hecho, los grupos de trabajo funcionan para que funcione la comunidad, no como una excusa para fortalecer relaciones con el resto de miembros de la comunidad. Si hay un grupo de jardín es porque es necesario que alguien cuide del jardín, sino mejor no tenerlo. Por ejemplo, durante la visita en Färdknäppen pude observar que el grupo de biblioteca estaba organizando cajas para hacer cambio de libros viejos y reordenar nuevas adquisiciones. Había 4 personas, cada una haciendo una tarea en concreto, nadie decía nada a nadie, cada uno estaba concentrado en su trabajo como si se tratara de una fábrica de trabajo en serie. De hecho, no me sorprendió. Después de unos años viviendo en Suecia, te das cuenta de que esta manera de hacer, de no distraerse en la tarea es muy común y apreciada.

No es fácil conseguir una plaza en la comunidad. Hay lista de espera y si queda algún apartamento libre tienes que haber pasado unos años antes participando en reuniones y conversaciones con los residentes de la comunidad. Según esta vecina, otro de los motivos por los cuales la gente se muda a Färdknäppen es por el ambiente de seguridad, algo que sólo se consigue si hay confianza entre los residentes. Esta confianza no se presupone desde el primer día que una persona entra a vivir, requiere un tiempo, y este tiempo lo consiguen con la lista de espera. De esta manera las personas interesadas pueden ver si realmente comparten la manera de vivir de Färdknäppen, la esencia del co-housing o si tenían una idea equivocada de la comunidad. Por otro lado, aunque una persona lleve tiempo “haciendo puntos” para entrar, la comunidad tiene la última palabra sobre las personas que entran.

Conclusiones

Incluso en los países donde el co-housing está “consolidado”, el porcentaje de personas que viven en este tipo de viviendas es relativamente bajo. Por ejemplo, en Dinamarca, considerado el país líder en co-housing, sólo el 1% de las viviendas siguen el estilo co-housing. Por eso, no es de extrañar que en países como Suecia, donde el co-housing ha sufrido numerosas dificultades para implementarse a lo largo de la historia, este porcentaje sea inferior, alrededor del 0.05%.

Según Vestbro (2012), el principal obstáculo que el co-housing encuentra en la sociedad sueca y resto de sociedades europeas, es de hecho el patriarcado. Según Vestbro, aunque nos consideramos sociedades modernas, aún somos muy tradicionales. Las facilidades que da el compartir tareas de la casa, así como el reparto del trabajo, es un ataque a la familia tal y como la conocemos. No será hasta que se rompa con esta visión nuclear de la familia, que el co-housing podrá presentarse como una buena solución. Éste ha sido un obstáculo no solo en la definición moderna del concepto de vivir en comunidad y de trabajo colaborativo, sino que también lo ha sido en otros momentos, como por ejemplo, cuando se consideraba que el co-housing era adecuado para colectivos inmorales y más bien antisistema, alrededor de los años 70.

En realidad, las sociedades han sido bastante refractarias a los estilos de vida “alternativos”. Los diferentes modelos de co-housing que se iniciaron en Suecia no tuvieron futuro, y en buena medida es por falta de información y por los prejuicios que esto contribuye a alimentar. Cuando el co-housing estaba destinado a una clase social privilegiada, que disponía de servicios, aparecieron grupos feministas, estudiantiles y diferentes accionistas que se pusieron en contra y acabaron con el modelo. Seguidamente el co-housing fue utilizado por el movimiento hippie, y es considerado por el resto de la sociedad como un grupo marginal que no sigue las normas y por lo tanto, una minoría que puede ser fácilmente apartada del resto de la sociedad. El concepto de co-housing desarrollado en los años 70 se puede entender muy bien a través de la película sueca, Tillsammans, juntos, que muestra un grupo de jóvenes que viven en una misma casa, muchas veces sin normas. La película muestra que tanto este modelo como la vivienda particular tiene cosas buenas y cosas malas. Para muchos suecos, el co-housing, aún es esto, se han quedado con la visión hippie. Además, el bienestar económico de la sociedad sueca actual permite, que de nuevo, se de más importancia al hecho de “tengo mi casa y mi volvo” (Egerö, 2012). Cuando tenemos dinero, la idea de ahorro o de compartir queda difuminada, y no se pone atención a los beneficios psicosociales del hecho de vivir en comunidad.

Paradógicamente, hay facilitadores que para otros se convierten en obstáculos. Por ejemplo, estudios como los de Choi (Choi, 2011. Choi, 2013) muestran que la mayor parte de residentes son mujeres porque buscan reducir las tareas domésticas para disponer de tiempo para realizar otras tareas, que pueden ser más de su interés. Los hombres, en cambio, parecen verlo al revés: como un incremento del trabajo ya que ahora tendrán que dedicar más tiempo a trabajos de la casa que antes no hacía, y por lo tanto es posible que tengan menos tiempo libre para dedicarlo a sus aficiones o a su trabajo. Según me explicaron en Färdknäppen, se cree que cuando desaparezca la desigualdad en la sociedad, el co-housing se verá de otra manera, ya que éste, de alguna manera difumina el papel de la mujer y el hombre en las tareas del hogar: todos tienen que cocinar o limpiar en algún momento, sean hombres o mujeres, y la participación en los grupos de trabajo son voluntarios, independientemente del sexo.

A través de la historia del cohousing en Suecia, podemos ver que los diferentes modelos tiene un común denominador, y es la reducción de las tareas domésticas, ya sea porque se dispone de un servicio o porque el trabajo de la comunidad permite reducir el tiempo que les dedicas. De hecho, a través de los estudios de Choi (2013), podemos ver que éste es uno de los principales motivos por los que los suecos se mudan a un co-housing, aunque cada vez más el motivo es conseguir contacto con otras personas (Choi, 2013). En el origen, la comunalización del “servicio” implicó una reducción de trabajo que permitía a los hombres y mujeres de las clases pudientes dedicar más horas a su trabajo o aficiones, como organizar debates sobre política y sociedad en las salas comunes. Mas adelante, permitió que las mujeres pudieran entrar en el mundo laboral ya que externalizaron las tareas domésticas y el cuidado de los hijos. Actualmente dicha reducción se produce gracias a su colectivización y a la responsabilización de los hombres.

Otro punto que facilitaría la implantación del co-housing en Suecia es el ahorro. Este ahorro se puede entender y analizar desde diferentes puntos de vista. Por un lado, desde el punto de vista individual, tener una vivienda en propiedad en Suecia es caro y no accessible a todos, por otro lado, el alquiler es normalmente de corta duración y el piso puede o no satisfacer las necesidades de cada persona. El co-housing permite tener piso por un tiempo indeterminado, a un precio razonable. Además el uso de las zonas comunes y el hecho de realizar actividades conjuntamente permite ahorrar a toda la comunidad: por ejemplo, en Färdknäppen, uno de los grupos de trabajo es responsable de hacer una compra conjunta y en gran cantidad, así pueden comprar más barato y ahorran en comida; también disponen de 4-5 lavadoras para 55 personas, en condiciones normales habría unas 40 lavadoras, una por vivienda (aunque en Suecia es común tener zonas de lavadoras comunes); lo mismo pasa con la biblioteca, se compra la prensa diariamente y todos los vecinos pueden leer, y desde el punto de vista energético: disponen de calefacción centralizada, mucho más económica.

Relacionado con el ahorro energético, Färdknäppen es, de nuevo, una comunidad modelo. Sundberg (2014) realizó su trabajo de final de máster haciendo un estudio sobre el uso de los recursos en Färdknäppen por el KTH. Los resultados muestran que en Färdknäppen los recursos eran utilizados más eficientemente que en pisos normales. Había diferentes motivos: el hecho de cocinar conjuntamente, permite un ahorro en el uso de la cocina y sus aparatos, a parte de una reducción de la cantidad de la comida. Vivir en pisos más pequeños permite que el gasto en calefacción sea menor. En general, el estudio muestra que una persona que vive en Färdknäppen reduce en 1 tonelada las emisiones de gases de efecto invernadero en comparación con la media.

La falta de consenso sobre qué es en realidad el co-housing, término que se utiliza para hablar de comunidades diversas con funcionamientos muy diferentes, hacen difícil que este estilo de vida pueda llegar de forma positiva a la sociedad sueca. Como hemos visto a lo largo del trabajo, cada momento histórico permite la emergencia de un tipo u otro de vida en comunidad. La sociedad es mas individualista cuando hay bienestar económico y el co-housing entendido como lo entendemos hoy en día no es atractivo cuando puedes tener algo sin compartirlo.

Por otro lado, la mayoría de estudios han sido realizados por gente implicada de alguna manera u otra en el movimiento y por tanto hay cierta predisposición a centrarse en los aspectos beneficiosos de la vida en comunidad. Sería interesante conocer otros estudios sobre co-housing que aborden los efectos considerados socialmente como negativos. En esta línea, seria interesante que la muestra utilizada en los estudios no estuviera formada únicamente por residentes y se incorporaran personas que han decidido no mudarse o incluso que lo han dejado para volver a vivir como antes. Ello contribuiría a comprender mejor y por tanto matizar algunas de las visiones utópicas de la vida en comunidad.

Referencias bibliográficas

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